Separación o divorcio: cómo vender la vivienda en común en Burgos

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Cuando una pareja se separa, la vivienda es casi siempre el asunto más complicado de resolver. No solo por el dinero que hay en juego, sino porque es una decisión que hay que tomar en un momento personal difícil, muchas veces sin ganas de hablar del tema y menos de negociar con la otra persona.
La buena noticia es que es una situación mucho más habitual de lo que parece, y hay caminos claros para resolverla, esté la separación en buenos términos o no. En este artículo te explico las opciones que existen, cómo funciona el proceso de venta y qué hacer si no os ponéis de acuerdo.
Soy David Martínez, agente inmobiliario en Casoplan, y he acompañado a varias parejas en Burgos en este proceso. Sé que no es una gestión más: por eso este artículo está pensado para darte información clara, sin rodeos, para que puedas avanzar con la cabeza más despejada.
Lo primero: ¿de quién es la vivienda?
Antes de hablar de vender, hay que tener claro un punto legal que cambia bastante las cosas: a nombre de quién está la vivienda y bajo qué régimen económico del matrimonio (si lo hay).
- Si estáis casados en régimen de gananciales (el más habitual en España si no se pactó otra cosa), la vivienda comprada durante el matrimonio suele ser un bien ganancial, es decir, de los dos al 50%, aunque solo figure uno en la escritura.
- Si estáis casados en separación de bienes o si no estáis casados (pareja de hecho o sin ningún vínculo formal), la vivienda es de quien figure en el Registro de la Propiedad, salvo que se demuestre otra cosa.
Este punto de partida determina mucho el resto del proceso, así que si tienes dudas sobre tu situación concreta, conviene consultarlo con un abogado de familia antes de dar ningún paso.
Opciones para vender una vivienda al separarse o divorciarse
Cuando una pareja se separa y hay una vivienda en común, básicamente hay tres caminos:
1. Vender y repartir
Es la opción más limpia cuando ninguno de los dos quiere o puede quedarse con la vivienda: se vende, se paga lo que quede de hipoteca si la hay, y el resto se reparte según el porcentaje de propiedad de cada uno.
Es también la solución más frecuente cuando la relación no permite fácilmente seguir compartiendo un bien a medias durante años.
2. Uno se queda con la vivienda y compensa al otro
Si uno de los dos quiere quedarse a vivir allí (algo habitual cuando hay hijos de por medio), puede comprar la parte del otro, normalmente a través de una hipoteca nueva o una ampliación de la existente para reunir el dinero.
Esto se formaliza con una extinción de condominio, una figura legal que tiene una ventaja fiscal importante frente a una compraventa normal: tributa mucho menos que si uno le «comprara» literalmente la mitad al otro.
3. Mantener la vivienda en común
Es la opción menos habitual, pero existe: seguir siendo copropietarios sin vivir juntos, por ejemplo alquilándola y repartiendo la renta, o dejando que uno la use pagando una compensación al otro. Suele ser una solución temporal más que definitiva, porque mantener un bien en común entre expareja rara vez es cómodo a largo plazo.
Si hay hijos menores, es habitual que los tribunales atribuyan el uso de la vivienda al progenitor que tenga la custodia, aunque la propiedad siga siendo de los dos. Esto no impide vender más adelante, pero sí condiciona los plazos.
¿Y si uno quiere vender y el otro no?
Esta es la situación más delicada, y por desgracia bastante común. Si no hay acuerdo, existen dos vías:
Buscar un acuerdo, aunque sea con ayuda
Antes de ir a un procedimiento judicial, muchas parejas consiguen desbloquear la situación con la ayuda de un mediador familiar o simplemente con una conversación bien planteada, a veces con la inmobiliaria como intermediario neutral que aporta datos objetivos (valoración real, tiempo estimado de venta) en lugar de opiniones.
La acción de división de la cosa común
Si no hay manera de llegar a un acuerdo, cualquiera de los dos copropietarios puede solicitar judicialmente la división de la cosa común. Como una vivienda no se puede dividir físicamente entre dos personas, el juez ordena su venta (normalmente en subasta) y el reparto del dinero según el porcentaje de cada uno.
Es una vía que funciona, pero tiene dos inconvenientes claros: es más lenta (puede llevar bastantes meses) y una subasta judicial suele obtener un precio inferior al que se conseguiría con una venta normal en el mercado. Por eso, siempre que sea posible, llegar a un acuerdo compensa a ambas partes.
Cómo funciona la venta de una vivienda tras un divorcio
Si finalmente decidís vender, el proceso en sí no es muy distinto de una venta habitual, con algunos matices:
- Los dos propietarios deben estar de acuerdo con el precio y las condiciones. Si uno de los dos no está localizable o se niega sistemáticamente a colaborar, hay que recurrir a la vía judicial mencionada antes.
- Ambos deben firmar en la escritura. Si uno no puede acudir el día de la firma, puede otorgar poder notarial a la otra persona o a un tercero.
- El reparto del dinero se hace según la titularidad. Si es al 50%, se reparte a partes iguales, salvo que hayáis acordado otra cosa por escrito.
Antes de llegar a esto, es fundamental tener claro cuánto vale realmente la vivienda. Una valoración objetiva ayuda mucho a evitar discusiones, porque pone un dato neutral encima de la mesa en lugar de que cada parte tenga su propia idea de lo que «debería» valer.
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¿Y los gastos e impuestos de la venta?
Se reparten igual que la propiedad: si sois al 50%, cada uno paga la mitad de la plusvalía municipal y de la parte correspondiente del IRPF por la ganancia patrimonial, si la hay. Puedes ver el detalle en nuestro artículo sobre plusvalía municipal en Burgos.
Si uno de los dos se queda con la vivienda mediante extinción de condominio, la fiscalidad cambia bastante respecto a una compraventa: normalmente se paga el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados sobre el valor de la parte que se adquiere, en lugar del ITP, lo cual suele salir más económico. Conviene calcularlo bien antes de decidir entre vender o quedarse la casa.
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Te acompañamos en este proceso con la máxima discreción
Sabemos que vender una vivienda en estas circunstancias no es una operación cualquiera. Por eso en Casoplan tratamos cada caso con calma, con trato directo y sin prisas, ayudando a que la parte inmobiliaria del proceso sea lo más sencilla posible mientras vosotros os concentráis en lo demás.
Podemos ofreceros una valoración gratuita y objetiva de la vivienda, que muchas veces ayuda a destensar la conversación entre las partes, y acompañaros durante toda la venta con la discreción que la situación requiere.
Si estáis en este proceso y no sabéis por dónde empezar, escribidnos. Lo hablamos con calma y sin compromiso.













